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Una mala política agraria y el canto de sirena de las grandes ciudades ha ido despoblando nuestros campos y son cientos los pequeños pueblos que ahora, vacíos, se derrumban lentamente. Os muestro La Figuera, un ejemplo típico de ese abandono, en las tierras de Lleida. Con los trucos que permite el programa Perfect Effects 8, he querido reforzar la impresión de nostalgia que producen esos lugares. ¿Cuantas historias personales vieron esas piedras?¿Cuantos afanes, tragedias y alegrías han quedado en el olvido? Ya lo dijo Machado: “Todo llega y todo pasa, pero lo nuestro es pasar; pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”. El bulto de la historia humana no se escribe y está destinado a perderse. Ruinas como éstas nos lo recuerdan y, por muy natural que todo ello sea, resulta difícil no entristecerse.

Cámara Canon Powershot G12, a pulso. Iso:80 Exposición (v):1/500 de segundos Apertura (f):7.1

Salvador Solé Soriano

En fotored desde 22/10/2011

Ficha personal
  • hace 7 años
    Norma Betty Lago
    Muy buena composición, edición y presentación. me hace acordar a la canción que canta Serrat, Pueblo blanco
  • hace 7 años
    marta Liber
    La rústica puerta con sus goznes oxidados son  lo que más me atraen de esta toma. Creo que sería interesante ver la foto sin el tratamiento de edición donde se ve el viejo edificio. Claro, cuestión de gustos. Saludos!
  • hace 7 años
    Miguel Ojeda Usillos
    la foto es de por si muy bella, pero creo que fue un acierto al editarla hacerla ver en una especie de papel apergaminado, acompaña y complementa perfectamente.
  • hace 7 años
    José Biedma López
    Te has vestido, Salva, de vate antiguo para cantar tanta nostalgia. El caso es que pocos de los que marchan a las grandes ciudades, regresan. La vida en el campo es dura. Depende de un tiempo que no controla político alguno. Este año, en Jaén, todavía estamos de campaña de aceituna porque casi no ha parado de llover. El Guadalquivir ya baja enfurecido en estas tierras altas. No te puedes imaginar lo duro que es coger aceituna. Cuando los hielos aprietan, con barro, con barro. Barrerla, transportarla. Hasta con nieve. Es cierto que gozamos de un aire limpio. Y pronto los jilgueros empecerán a levantar la madrugada... Ah, ¡y ya me ha saludado el cernícalo de la torre! ¡Que me has emocionado, macho! Ese mundo sigue siendo en gran parte el mío. Y mi perro que no vuelve...  
    • Salvador Solé Soriano :hace 7 años Tan cierto como que "pocos de los que marchan a las grandes ciudades, regresan" es que hay una menor pero constante migración de la ciudad al campo. Concretamente tengo un "ex-niño mío" (fui su monitor durante dos años) que ya de bien joven se fue a reconstruir una casa en un remoto pueblo de Aragón y allí está desde hace más de quince años, criando abejas y niños al ritmo de las estaciones. Son muchos menos, pero haberlos háylos. Y menos mal, porque si no, a ver quien nos produce el trigo, el aceite y todo eso que, en realidad, nunca crece en los supermercados. Yo soy un experto en "visitar" el campo pero mi inconformismo no se extiende a todo y vivo donde nací, por mucho que quiera pasearme por el mundo entero. Gracias por tu comentario y tus olivas, José; la aceituna tendrá un precio, pero no lo tiene dar de comer a la humanidad.