Cada familia tiene sus monstruos y los monstruos de la familia Procellariidae (pardelas y petreles) son los abanto-marinos; con hasta dos metros de punta a punta de ala, son los “frankenstein” de este tipo de aves. Su “monstruosidad” no se limita al tamaño; yo los he visto devorar cádaveres de focas recién nacidas en la Península Valdés (Argentina) y perseguir a los Albatros ojerosos para que regurgiten el contenido del estómago y quedárselo ellos. Su especialidad es la carroña y la intimidación así que se parecen un montón a ciertos tipos humanos. Hablo en plural porque el Abanto-marino subantártico (Macronectes halli) tiene un pariente cercano; el Abanto-marino antártico (Macronectes giganteus) con prácticamente su mismo aspecto. Los adultos pueden ser grises o pardos, jaspeados de blanquecino y el M. giganteus a veces llega a ser blanco con pintitas oscuras. El ejemplar de la foto (un M. halli) es jóven y los juveniles de ambas especies solo se diferencian en el color de la punta del pico; rojo/rosada en el M. halli y verdosa clara en M. giganteus. Estas aves son propias de los mares antárticos y subantárticos de todo el planeta. El Abanto-marino subantártico, como muy al norte, alcanza las costas de Perú donde es mucho menos fecuente que su pariente. Aunque se los puede ver a veces en las orillas de los continentes (sobre todo en la temporada de cría de los pinnípedos y los pingüinos) solo crían en islas del frío sur. La foto está tomada desde una embarcación, a bastantes kilómetros mar adentro, frente a Lima (Perú) y se trata de una observación valiosa por lo escasa que es la especie en esas latitudes.

Cámara Nikon D200 con objetivo Sigma 50-500 mms. f:5.6 - 6.3, a pulso desde embarcación. Iso:100 Exposición (v):1/500 segundos Apertura (f):6.3

Salvador Solé Soriano

En fotored desde 22/10/2011

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