Cada año, los vientos que soplan sobre el Sahara en dirección oeste, arrojan al mar miles de toneladas de arena. Pero una minúscula fracción de ésta alcanza las costas majoreras y, con el paso de los siglos, ha creado una especie de delegación insular; el desierto de Corralejo. No tiene más de diez kilómetros de largo por cinco de ancho pero en tan pequeña extensión presenta un digno catálogo de dunas móviles de genuina arena africana. En Abril del año 2008 Sara y yo visitamos el lugar varias veces durante nuestra estancia de una semana en Fuerteventura y así conseguimos sacarle algunas hermosas imágenes. Personalmente, siento debilidad por los desiertos. No solo son tesoros estéticos ilimitados si no uno de los ecosistemas donde más fácilmente se pacifica mi espíritu. El minimalismo reinante en esos entornos hace vibrar mi onda y ando intentando - cuando, de tarde en tarde, los recorro - plasmar en fotos ese sentir.

Cámara Nikon D200 con objetivo Sigma 150-500 mms. f:6.3 y trípode

Salvador Solé Soriano

En fotored desde 22/10/2011

Ficha personal
  • hace 7 años
    marta Liber
    Has plasmado algo muy bello. Es una imagen minimalista que que atrae por su diseño y color. Gracias por mostrarlo.
  • hace 7 años
    Luisa M. Lara Lopez
    Hola Salvador... gratamente me sorprende ver que no hay que ir al Sahara o a Namibia para componer con belleza en los campos de dunas. Saludos, L.
  • hace 7 años
    Luis Manso
    Estupenda toma Salvador.