Ya hacía mucho que no os atormentaba con mis horrores trucados. La estatua original, una bella obra de arte funerario, sobresale como un faro en la Necrópolis Colón (La Habana-Cuba). Si no me equivoco, es un monumento a los bomberos y representa a un ángel que, mientras señala hacia arriba con una mano, sujeta a un bombero (muerto) con el otro brazo y se dispone a despegar hacia el cielo para llevar al héroe ante su Hacedor. Mi versión no pretende ridiculizar la obra ni su sentido; aunque no comparta este tipo de discursos religiosos, Dios y los bomberos me parecen personajes respetables, e incluso los ángeles tienen su grandeza. No, lo que pasa es que carezco de sentido del decoro y, allí donde veo la oportunidad de crear una imagen satisfactoriamente monstruosa, me lanzo a la tarea y ya pediré perdón después. No he querido dignificar este engendro con un mensaje filosófico porque, en honor a la verdad, se trata de un mero juego de impactos visuales; cómo cambia lo que vemos si le borramos a cuchillo una mitad, la duplicamos, volteamos horizontalmente la capa duplicada y la pegamos sin fisuras a la mitad original.

Cámara Nikon D300 con objetivo Sigma 150-500 mms. f:6.3 a pulso.

Salvador Solé Soriano

En fotored desde 22/10/2011

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